La pérdida de bosques y manglares en México está intensificando el impacto de las lluvias y los desastres naturales, según un estudio reciente. La deforestación y la degradación de ecosistemas costeros están reduciendo la capacidad del territorio para absorber el exceso de agua, lo que eleva el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.
Los científicos alertan que la desaparición de estas áreas naturales, clave para la regulación del clima local, está contribuyendo a una mayor vulnerabilidad ante fenómenos meteorológicos extremos. En zonas donde los bosques han sido talados, la escorrentía del agua es más rápida, lo que incrementa la intensidad de las inundaciones. Además, los manglares, que actúan como barreras naturales contra las olas, han disminuido en áreas costeras, exponiendo comunidades a mayores riesgos durante tormentas.
Este problema se suma a un patrón de degradación ambiental que ha afectado al país durante décadas. Aunque el gobierno ha implementado algunas medidas de conservación, la tasa de deforestación sigue siendo elevada, especialmente en regiones tropicales. La situación plantea desafíos para la gestión de riesgos climáticos, especialmente en un contexto de cambio global. La pérdida de estos ecosistemas no solo afecta la seguridad de las comunidades, sino también la biodiversidad y la capacidad del país para mitigar futuros desastres.

























