Trump, presidente de Estados Unidos, cuestionó la legitimidad de las elecciones brasileñas que permitieron la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva, pero mantuvo una relación positiva con el mandatario. En declaraciones tras el resultado, Trump afirmó que el proceso electoral "parecía amañado" y que dejó una "imagen terrible para el mundo". Aunque no presentó pruebas de fraude, el mandatario estadounidense destacó su buena relación con Lula, quien ganó con un margen significativo frente a Flávio Bolsonaro.
El presidente estadounidense criticó específicamente la decisión de un tribunal brasileño de extender el horario de votación en las elecciones, calificándola de "muy extraña". A pesar de esto, Trump no apoyó a Flávio Bolsonaro, candidato derrotado, y no impuso sanciones ni medidas adicionales contra Brasil.
Flávio Bolsonaro, hijo del ex-presidente brasileño, prometió organizar la oposición a Lula tras su triunfo. La victoria de Lula marca un cambio en la política brasileña, ya que rompe con la tendencia conservadora que dominó la región durante los últimos años. La estrategia de redes sociales utilizada por el equipo de Lula fue clave para su victoria, según análisis de expertos.
La elección brasileña representa un hito en América Latina, donde la derecha ha dominado durante siete años consecutivos. La reelección de Lula, un ex-presidente acusado de corrupción pero ahora en el poder, simboliza un retorno a la izquierda en el continente.























