El terremoto de 1985 dejó un impacto profundo en la distribución de la población en México. La ciudad de México sufrió graves daños, lo que provocó el desplazamiento de más de medio millón de personas. Estos migrantes se dirigieron principalmente hacia el estado de Edomex, que se consolidó como el principal destino de este éxodo.
La migración masiva fue un efecto directo del desastre natural. Muchos residentes de la capital buscaban refugio en zonas más seguras, lo que cambió la dinámica demográfica del país. Edomex, con su infraestructura y espacios disponibles, se convirtió en un lugar de acogida para quienes huían de los daños en la Ciudad de México.
Este fenómeno marcó un antes y un después en la movilidad poblacional. Aunque el impacto del sismo se ha atenuado con el tiempo, su legado en la geografía urbana sigue siendo visible. La migración forzada generó un cambio en la estructura social y económica de los estados receptores, especialmente en Edomex.

























